Tintoretto y Tiziano en El Prado. Irene Garcia

Nombre de la sala.

Las salas en las que se encuentran las obras son la 42 y la 44 del Museo del Prado, en el ala de exposiciones permanentes.

Dirección de la sala.

Paseo del Prado, s/n. 28014 Madrid.

Transporte hasta la sala.

En metro las estaciones de Banco de España y Atocha. En autobús las líneas 9, 10, 14, 19, 27, 34, 37 y 45. En tren cercanías la estación de Atocha RENFE y Recoletos.

Horario.

De 9:00 a 20:00 horas de martes a domingo. Cerrado todos los lunes (incluido festivos) y los días 25 de diciembre, 1 de enero, Viernes Santo y 1 de mayo. Días con horario reducido de apertura el 24 y 31 de diciembre y el 6 de enero (de 9:00 a 14:00 horas)

Precio de la entrada.

La entrada general cuesta 8 € y la reducida 4€ (para miembros de familias numerosas, tercera edad, estudiantes discapacitados).

Temática general.

Principalmente es un museo dedicado a la pintura internacional, aunque también hay expuestas esculturas, estampas y artes decorativas.

Título de la exposición.

Sin título, es una sala permanente.

Lavatorio de los pies, de Tintoretto.

Antes de comenzar con el comentario de la obra, me gustaría decir que la he escogido por una simple razón: la arquitectura de fondo. Aunque parezca lo más normal de mundo, en historia del arte esto no aparece hasta el Renacimiento: antes los fondos se conseguían de manera bastante pobre pintándolos en dorado (estilo gótico), o a veces ni siquiera existía la profundidad, dibujando figuras frontalmente, hieráticas (estilo románico o arte egipcio, por ejemplo). En el renacimiento se avanza muchísimo en todos los campos del saber humano, y la pintura no es menos. Es la época en la que surge la perspectiva como un sistema de representación que permitía reflejar la profundidad de las tres dimensiones de la naturaleza sobre un plano, aplicando conocimientos geométricos y matemáticos. Así, los renacentistas pintaron cuadros mucho más realistas, y para mi gusto los cuadros más bellos son los que, para conseguir profundidad, recrean un espacio arquitectónico. Y es que, como diría Paolo Uccello, pintor cuatrocentista, “Cosa bella, es la perspectiva”.

El trabajo estaba delimitado dentro de la Comunidad de Madrid, así que no he podido realizar el comentario acerca de La escuela de Atenas, de Rafael, fresco situado en una de las estancias de los Museos Vaticanos, obra que en mi opinión mejor representa esta característica, o Cena en casa de Leví, de El Veronés, o de La calumnia de Apeles, de Botticelli. De todos los cuadros del Museo del Prado Lavatorio de los pies corresponde, y de forma muy bella, a un ejemplo de arquitectura dentro de la pintura, y por ello lo he escogido.


La Escuela de Atenas, de Rafael.

Sobre el autor.

Tintoretto (1518-1594) fue uno de los grandes pintores de la escuela veneciana y probablemente el último gran pintor del Renacimiento italiano. En su infancia comenzó a pintarrajear sobre las paredes de la tintorería de su padre, quien dándose cuenta de esta inclinación, lo llevó al taller de Tiziano para ver si podía aprender a ser artista, entrando así en La Escuela veneciana, característica por dar importancia al color por encima del resto de cosas. Tintoretto no permaneció mucho tiempo con su maestro, aunque aprendió de éste muchas cosas, en concreto el arte del color y las sombras. Su gran modelo en el dibujo fue Miguel Ángel, y sobre su taller se escribió lo siguiente: Il disegno di Michelangelo ed il colorito di Tiziano ("El diseño de Miguel Ángel y el colorido de Tiziano"). Por ello su estilo, que inicialmente siguió a Tiziano, evolucionó a partir de 1540, siendo de tendencia manierista (influenica de Miguel Ángel) más marcada que los otros dos grandes pintores de La Escuela Veneciana: Tiziano y Veronés.

Como curiosidad hay que decir que Tintoretto fue un artista de gran capacidad, energía y ahínco a la hora de pintar, por lo que le apodaron Il Furioso (“el furioso”). La opinión generalizada que de él tenían los venecianos era que Tintoretto tenía tres pinceles: uno de oro, el segundo de plata y el tercero de hierro. Trabajaba mucho, tanto que el pintor coetáneo Sebastiano del Piombo señaló que Tintoretto podía pintar en dos días tanto como él en dos años.

Cronología del cuadro.

Realizada en 1547. Fue adquirida por Carlos I de Inglaterra y a su muerte fue comprado por don Luis de Haro, quien la regaló a Felipe IV. El monarca español la destinó a la sacristía de El Escorial, donde permaneció hasta su ingreso en el Museo Nacional del Prado en 1939.

Dimensiones del cuadro.

210 x 533 cm.

Formato del cuadro.

Rectangular horizontal.

Técnica empleada en la obra.

Óleo sobre lienzo.

Tema de la obra.

Religioso, corresponde a una escena del Nuevo Testamento (Juan 13, 1-20) que muestra el momento justo anterior a la Última Cena, en el cual Jesús se dispone a lavar los pies de San Pedro, como ejemplo de humildad y servicio al prójimo.

Referencia al color.

Los colores son predominantemente fríos. El color más destacado es el blanco, con el que el autor pinta la arquitectura, así como la mesa, elemento en el que confluye toda la escena, el suelo y los ropajes de Jesús y el hombre que sostiene la jarra de agua a su lado. Que el autor emplee el blanco para estos ropajes tiene un significado: las tres figuras se encuentran entre sombras, y, sin embargo, al pintar la mayoría del atuendo en blanco destaca esta imagen, el lavatorio de pies, por encima del resto.

En contraposición a los colores fríos observamos a un hombre vestido de rojo a la izquierda de la composición, así como algún detalle (dos mantas de dos Apóstoles, las orejas marrones del perro, etc.).

Referencia a la luz de la obra.

La luz tiene una gran importancia en la obra, ya que ilumina casi por completo la estancia en la que se desarrolla la escena. En cuanto al primer plano (a la altura de Jesús, Pedro, etc.) y segundo plano (a la altura de la mesa y el resto de discípulos), no se puede identificar un foco de luz claro, pero parece ser que ésta proviene del techo de la estancia, por las sombras que proyecta. El tercer plano, el que corresponde a ese patio exterior lleno de arcadas, está totalmente iluminado ya que no hay techo que impida la entrada de la luz.

Hay un elemento muy importante que hace que el cuadro esté tan iluminado: el autor tala las ventanas para que se vea lo que hay detrás, es decir, el patio luminoso y la arquitectura.

Es importante señalar que la luz del cuadro no es blanca o amarilla, sino azul, impregnando la imagen de un toque de misterio (o al menos a mi parecer).

Estilo del autor.

Tintoretto fue un gran conocedor del espacio, conocimiento que demuestra en sus obras diseñando composiciones atrevidas y actitudes que podrían clasificarse de manieristas (estilo que reacciona contra lo clásico y que cuestiona la validez del ideal de belleza defendido en el Renacimiento, siguiendo los modelos de Miguel Ángel, quien mejor empleó dicho estilo en su obra el Juicio Final). En esta obra podemos observar esta característica con la forma en que se distribuyen los Apóstoles y el propio Jesús: no hay nada de típico en sus posiciones. Así tenemos en el centro de la imagen a dos Apóstoles quitándose las botas (se observa un gran dinamismo en la composición, parece que realmente están haciendo fuerza para conseguirlo. Incluso uno de ellos está pintado en escorzo, es decir, en posición perpendicular a la mirada del espectador) o a Jesús de rodillas en posición relajada, dispuesto a lavarle los pies a Pedro.

Al pertenecer a la Escuela Veneciana, explotaba al máximo las posibilidades del color, el paisaje y la luz en sus obras. En este cuadro vemos claramente los contrastes de luz (la escena está totalmente iluminada en el centro pero se desarrolla entre sombras en los laterales: figuras de Jesús, Pedro y el hombre que se seca los pies a la izquierda) y de color (apenas hay colores cálidos, tan sólo destaca el hombre anteriormente mencionado a la izquierda de la composición, con ropajes rojos). En cuanto al paisaje, está muy bien conseguido gracias a la arquitectura que incluye en el fondo, dando una gran sensación de profundidad y perspectiva.

Composición (distribución de los elementos en el cuadro).

La composición de la obra es bastante complicada. Si Tintoretto hubiese llevado a cabo una escena normal, como las que se hacían en la época, de este pasaje bíblico, seguramente sólo hubiera representado la imagen de Jesús, Pedro y el hombre que sostiene la jarra. Sin embargo, el autor no sólo añade al resto de discípulos, arquitectura y elementos cotidianos como la mesa y el perro, sino que releva a segundo plano la imagen que da título a la obra, lo que da sentido al resto de la composición, el significado del cuadro. Con esto el autor resta importancia al pasaje y lo vuelve tranquilo, anecdótico, intrascendente.

Los planos en los que se estructura la obra son los ya nombrados: un primer plano con Jesús y sus acompañantes a la derecha y el hombre vestido de rojo a la izquierda, un segundo plano en torno a la mesa y un tercer plano correspondiente al patio exterior y a las arcadas.

La perspectiva empleada es lateral, lo que observamos muy bien en la mesa. De esta forma el autor consigue captar más detalles de la escena (en una perspectiva normal la mesa taparía la mayor parte del patio exterior, y ésta a su vez sería tapada por Jesús y sus acompañantes del primer plano). Contemplado desde la derecha el cuadro cobra una coherencia extraordinaria, desaparecen los espacios muertos entre los personajes, y la composición se ordena a lo largo de una diagonal que, partiendo de Cristo y San Pedro, prosigue por la mesa y los Apóstoles en torno a ella para finalizar en el arco al fondo del canal, el punto de fuga de la obra.

Significado de la obra.

El significado de la obra, como ya he expuesto, es meramente anecdótico, relevado a segundo plano, aunque Tintoretto no le quita importancia del todo ya que ilumina bastante las tres figuras que tendrían que ser las principales. El centro de las miradas se dirige a la mesa en la que están los Apóstoles sentados de forma apaciguada, e incluso teatral cuando se trata de los dos Apóstoles que se quitan las botas (el autor era un gran amante de la comedia). El perro sentado en el suelo dota a la imagen de un sentido cotidiano, calmado.

En general podría decirse que Tintoretto convirtió, con este cuadro, un pasaje bíblico de gran importancia en algo de la vida diaria: una reunión en la que los participantes hablan apaciguadamente en un sitio cotidiano para todos ellos (detalle del perro).

Uso didáctico.

A la hora de trabajar con niños este cuadro podría ser un gran recurso para introducir el tema de la perspectiva. Delante de la obra plantearemos preguntas como “¿Os parece real este cuadro? ¿Por qué?” Entonces explicaremos que el cuadro sí parece real porque hay perspectiva, es decir, las imágenes no están en un mismo plano, como cuando dibujamos un cuadrado, sino que están dispersas en varios planos, como cuando dibujamos un cubo.

Después podremos preguntar cuáles son los elementos que dan profundidad al cuadro (si no lo sabes, la respuesta sería la arquitectura de fondo por ejemplo) y les pediremos que haga un dibujo con perspectiva, con profundidad, de lo que les apetezca para comprobar si han entendido bien el concepto.


La bacanal de los andrios, de Tiziano.

He elegido esta obra porque fue la primera que vi del Museo del Prado cuando era pequeña y quedé fascinada con el mito que representa, que nos contó una de las guías del museo. Por ello considero que es una obra que se puede trabajar con niños y que puede conseguir que se interesen por el arte, llevando a cabo un aprendizaje más significativo y ameno.

Hay otra razón más para elegir este cuadro, que también sirve para el comentario de la obra anterior: adoro el Renacimiento, en todos los aspectos, pero sobretodo en el artístico. Es el estilo arquitectónico, escultural y pictórico que más me gusta, lo prefiero incluso al arte clásico greco-romano en el que se inspira, y sus autores, maestros universales de todos los campos del saber, siempre me han fascinado. Creo que en otra época fui un hombre, o mujer, del Cinquecento italiano.


Sobre el autor.

Tiziano (1487-1576) fue un pintor italiano del Renacimiento perteneciente a la Escuela Veneciana, considerado la principal personalidad artística veneciana del siglo XVI.

Su longevidad permitió que influenciase y se viese influenciado por dos generaciones de pintores venecianos: la de sus contemporáneos, como Lorenzo Lotto o Sebastiano del Piombo, y la de los pintores que tenían la edad de sus hijos como Tintoretto, su gran alumno.

Todos los años que vivió también influyeron en la evolución de su estilo, que puede dividirse en dos épocas diferenciadas, debido tanto a su evolución personal como a la de la propia pintura del Renacimiento, que en pleno Cinquecento buscaba ámbitos nuevos más alejados del clasicismo inicial.

Sin embargo, el rasgo más característico que definió a este artista fue el uso del color. Su interpretación cromática supuso el más influyente legado a sus sucesores en la Escuela Veneciana. En sus obras Tiziano siempre se centró más en el color que en el dibujo, el cual se plasmaba de modo rápido y en ocasiones impreciso, sin diseño preparatorio. El resultado denota expresividad y capta la realidad en el momento preciso. El resultado suele ser personajes en movimiento, impregnados de una animación vital totalmente inédita, en claro contraste con la ejecución caligráfica, ligada al dibujo. Esta evolución personal es muy importante para la historia del arte, ya que supone el precedente de posteriores innovaciones como el Impresionismo y la propia evolución de la pintura veneciana del siglo XVI, que no puede entenderse prescindiendo de Tiziano (la máxima de esta escuela es la percepción visual y el deleite estético a través del color).

Cronología del cuadro.

Realizada en 1520 para el llamado "Camerino de alabastro" de Alfonso I de Este, duque de Ferrara. En 1598 fueron trasladadas al Palacio Aldobrandini en Roma y, en 1637, Niccolo Ludovisi se las entregó a Felipe IV como pago del Estado de Piombino


Dimensiones del cuadro.

175 cm x 193 cm.

Formato del cuadro.

Rectangular horizontal.

Técnica empleada en la obra.

Óleo sobre lienzo.

Tema de la obra.

Mitológico: captura el momento en que Baco, el dios grecoreomano del vino y la fiesta llega a la isla de Adrios, donde sus habitantes le reciben con una gran fiesta campesina y popular.

Referencia al color.

El color es lo más importante es este cuadro, ya que el autor utiliza pinceladas pastosas que están por encima del dibujo. Dichos colores son ricos y brillantes, con predominio de tonos cálidos y colores pastel (los cuerpos naranjas y rosas de los personajes, y sus vestimentas rojas). El paisaje está realizado en general en tonos fríos (el azul del cielo y el verde la hierba y los árboles). Sin embargo, éstos dan sensación de calidez debido a la intensidad con la que el autor los usa.

Referencia a la luz de la obra.

La luz coloreada de esta obra constituye el elemento integrador del conjunto, es un elemento indispensable. La escena está en general bien iluminada, y sobre todo incide en la figura de la mujer denuda, pretendiendo resaltarla sobre el resto de personajes. El foco lumínico proviene de todas partes, ya que es una composición al aire libre y en pleno día, con la luz del sol.

Estilo del autor.

El rasgo más característico de Tiziano es el empleo del color. Este cuadro es un maravilloso ejemplo de ello, con sus colore brillantes, ricos, más importantes que el dibujo, como ya he expuesto.

El pintor también fue maestro de la representación con claridad de los objetos, hecho que vemos claramente en los árboles, los ropajes, la jarra de cristal, etc. Las texturas con plásticas y precisas, como en la mayoría de sus cuadros.

Significado de la obra.

Esta obra es la representación de la fiesta pagana más entusiasta del Renacimiento. En ella Tiziano pretende una exaltación del color, el movimiento y la luz, y para ello utiliza la mitología, que sirve para mostrar el concepto festivo y lujoso de la pintura veneciana de la época. No pretende un mensaje elaborado ni hay un simbolismo profundo.

Una curiosidad: Tiziano firma la obra en el escote de la mujer con el vestido rojo situada en primer término, quien se cree que es la amada del pintor, Violante. También hay que decir que en la partitura que se observa en primer plano se puede leer la siguiente inscripción: quien bebe y no vuelve a beber, no sabe los que es beber.

Composición (distribución de los elementos en el cuadro).

La escena se desarrolla en un idílico paisaje marítimo en el que mujeres y hombres bailan, cantan y beben. Está compuesta por una joven desnuda en primer término, la princesa Ariadna, cuyo desnudo es uno de los más atrevidos de la época. La joven es víctima del vino y ha perdido todas sus inhibiciones. Detrás de ella se sitúan los bacantes, seguidores de Baco, que beben y festejan ligados entre sí, creando una ágil y sinuosa composición.

La composición es aparentemente caótica, teniendo como centro una jarra de vino elevada por encima de los componentes de la escena. En realidad el autor busca el contraste entre las actitudes, unas en reposo, como el desnudo de la joven, y otras en agitado movimiento. La profundidad del paisaje, con el barco en la lejanía, está delimitada por los árboles que enmarcan la escena.

Uso didáctico.

A la hora de trabajar esta obra podríamos centrarnos en la mitología que trata como tema: el mito de Baco y Ariadna. Delante del cuadro contaríamos a los niños el mito, que es el siguiente:

Baco, dios del vino y de la diversión, halló a Ariadna en la isla de Andrios llorando porque su amado Teseo la había abandonado. La diosa del amor, Afrodita, se compadeció de ella, y prometió en el Olimpo, ante el resto de dioses, que la princesa terminaría esposada con un Dios.

Baco acudió a su encuentro y quiso protegerla al verla en ese estado, hacerla feliz, y amarla. La cortejó con tales propósitos, le regaló una corona de siete estrellas y la hizo su esposa. Para celebrarlo, hizo una fiesta en la isla con todos sus habitantes.

Dejaremos un tiempo entonces para la asimilación de la historia y después les haremos ver que una imagen, un cuadro, es un texto visual único y muy rico, que puede decirnos mil cosas y que cada persona que lo ve interpretará como quiera. Después les pediremos que piensen en el cuento o película que más les guste a cada uno y que capturen una de sus imágenes en el papel, fomentando así la creatividad y el aprendizaje significativo, ay que dibujarán algo de su vida diaria, algo en lo que están interesados.

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