Fuente: http://www.abc.es/cultura/arte/20130426/abci-dali-201304202151.html
El Museo Reina Sofía reivindica al Dalí pintor por encima del mito en una antológica llamada a convertirse en un fenómeno de masas, como él mismo. La Reina inaugura hoy la muestra
Volver a Dalí. Ese es el objetivo de la gran antológica que hoy se inaugura en el Museo Reina Sofía, la primera en España después de tres décadas. Había ganas de ver de nuevo aquí a Dalí. La muestra llega avalada por un éxito arrollador en el Pompidou parisino: más de 790.000 visitantes. Pero lo que podría parecer un caramelo para cualquier museo (largas colas en la entrada y aún más en la tienda) desvirtuaría su verdadero sentido.
Por contra, la exposición del Reina Sofía pone el énfasis en su faceta de extraordinario pintor. Como explica el director del museo, Manuel Borja-Villel, es «una invitación a superar la anécdota, la marca, el eslogan». «Queremos invitar a ver su pintura -añade Montse Aguer, directora del Centro de Estudios Dalinianos y una de las comisarias de la exposición-. Apostamos por el Dalí pintor, pero también está el otro». Ese que desde muy joven apuntaba maneras: «Seré considerado un genio». «Los contrarios -advierte Aguer- están tan presentes en Dalí que no podemos evitarlo. Que cada uno escoja».
El artista de las mil caras
Los adjetivos se agotan para calificar al artista de las mil caras: bufón, payaso, loco, genio, excéntrico, exhibicionista, kitsch, narcisista, paranoico, neurótico, caníbal, dandi, hippie, performer... Fenómeno de masas, él fue su mejor creación. Se fabricó para sí mismo ésas y otrasmuchas máscaras, tras las cuales se parapetaba. Ya desde niño se disfrazaba de rey. Durante toda su vida nunca dejaría de disfrazarse. ¿Una pose más de su exhibicionismo? «¿Y si fuera extrema timidez? -responde la comisaria-. Dalí era un gran tímido, utilizaba esas máscaras como coraza ante la sociedad. En su “Vida secreta” contó verdades, medias verdades y falsedades. Creó una vida tras la cual esconder su vida real. Esta exposición trata de sacar a la luz ese otro Dalí más real».
Muy difícil ver tal concentración de Dalís por metro cuadrado: sus cuadros más emblemáticos, pinturas casi inéditas, dibujos, películas, manuscritos, documentos, fotografías... No se ha querido presentar las obras en un montaje teatral, barroco. Demasiado fácil y evidente. Se ha optado por mostrar a Dalí al natural, desnudo, sin aditivos, conservantes ni colorantes. «La escenografía es la propia obra de Dalí», advierte Montse Aguer. «Está dentro de la obra de Dalí», apostilla Borja-Villel.
Claves para entender la exposición
Hay algunas diferencias respecto a la muestra del Pompidou. Allí se recreó su célebre Sala Mae West, en la que Dalí convirtió a la estrella de Hollywood en una habitación: el pelo son unas cortinas, los labios un sofá... Tan solo se ha recreado en dos ocasiones: una en Milán y otra en París. En el Reina Sofía habrá que contentarse con verla a través de un diorama. En la muestra de Madrid, en cambio, se incide más en el Dalí pintor y escritor. Una pequeña sala reúne treinta dibujos que sirvieron para ilustrar «La vida secreta de Salvador Dalí», que no se vieron en París. Pero, ¿cuáles son las claves para entender el complejo y rico universo daliniano a través de esta exposición? La primera es una terna formada por familia-paisaje-autorretratos, presente en toda su carrera.
Y más mitos aplicados a su familia. El de Guillermo Tell (la autoridad del padre que devora y sacrifica al hijo) le venía como anillo al dedo para retratar a su padre. Su madre no aparece demasiado en su trabajo. Pero sí vemos en esta antológica una obra brutal: «A veces escupo por placer sobre el retrato de mi madre». Su padre explotó de ira por considerarlo unataque blasfemo a la memoria de su madre difunta y contra el culto a la Virgen. Lo repudia: lo echa de su casa y de su vida.
Lorca, Buñuel y los putrefactos
La exposición continúa con el trascendental paso de Dalí por laResidencia de Estudiantes de Madrid: su encuentro y amistad con Lorca y Buñuel. De este último vemos un excepcional retrato y se proyectan los dos filmes que hicieron al alimón: «Un perro andaluz» y «La edad de oro». Es en esta época cuando se cuelan en su obra los putrefactos, los animales podridos. ¿Qué supuso para Dalí su paso por la Residencia? «Le reafirma -dice la comisaria-. La cosmología de Buñuel, la poética de Lorca son dos influencias básicas para él. Asimilaba todos los estilos, pero buscaba el suyo propio».
También fue una esponja; bebía de los pintores a los que admiraba: Miguel Ángel, Leonardo, Rafael, Velázquez, Vermeer, Mantegna, Duchamp, Arp, Miró (asesinaba la pintura como él)... Pero fue Picasso, de quien se exhibe un retrato grotesco genial, una de sus debilidades confesas: «Es el hombre en quien he pensado más después de mi padre. Los dos son los Guillermo Tell de mi vida». ¿Qué les acercaba y qué les separaba? «La pintura nunca les separó, fue la ideología, el pensamiento». Es célebre su frase: «Picasso es pintor, yo también; Picasso es comunista, yo tampoco». Los coqueteos de Dalí con elfranquismo y los nacionalismos fueron una barrera infranqueable: «Dalí se acomodó al poder», apun ta Montse Aguer.
«El Angelus» de Millet
En su colegio había una reproducción de «El Angelus» de Millet colgada en la pared. Aquella imagen del mito trágico llegó a obsesionar a Dalí. Para él, era «la obra pictórica más turbadora, enigmática, densa y rica en pensamientos inconscientes que jamás ha existido». En el cuadro, dos campesinos rezan a la hora del Angelus. Llegó a pedir al Louvre que hiciera una radiografía de la obra: Millet habría pintado entre ambas figuras el ataúd de un niño muerto. De nuevo, el hijo sacrificado.
El sexo, a veces explícito, siempre violento, es una constante en su trabajo. Cuelgan en la exposición obras maestras como «El gran masturbador» o «El espectro del sex-appeal». «A Dalí le atormentaba el sexo y lo utiliza para expresar sus obsesiones -advierte Montse Aguer-. Es un erotismo caníbal: el deseo de devorar al ser amado». Gala, su esposa y musa, no tiene una sala propia en la exposición. No le hace falta: está presente en toda ella. Como muchos de sus símbolos: teníafobia a los saltamontes y le obsesionaban las hormigas (las asocia al arrepentimiento) y las moscas (evocan para él el Mediterráneo y el placer).
Surrealismo y Camembert
El núcleo central de la exposición está dedicado al surrealismo y elmétodo paranoico-crítico que Dalí inventa, con Freud y Lacan al fondo, como una forma de subvertir la realidad, usando dobles imágenes. Son muchas las obras maestras presentes: «La metamorfosis de Narciso», «El hombre invisible» o «La persistencia de la memoria». En esta última, del MoMA, aborda la idea del paso del tiempo a través derelojes blandos que concibió Dalí tras comer queso Camembert.
La exposición también revisa su particular visión de la guerra. Le preocupaba mucho la Guerra Civil, como queda patente en algunas espléndidas obras que cuelgan en el Reina Sofía: «Construcción blanda con judías hervidas (Premonición de la Guerra Civil)», que se muestra junto a su estudio; «España», «El enigma de Hitler», «Hitler masturbándose» o «El rostro de la guerra».
No faltan tampoco sus años americanos (en Estados Unidos descubre realmente la cultura de masas; tiene proyectos con Walt Disney -Destino»- y con Alfred Hitchcock -«Recuerda»-), sus trabajos teatrales (Don Juan Tenorio) y publicitarios, su interés por la ciencia y la energía atómica: imágenes estereoscópicas, ilusiones ópticas, búsqueda de la cuarta dimensión... La tercera ya se le quedaba corta a Dalí. Católico sin fe, como él mismo se definía («estoy buscando la fe, pero no la encuentro»), pinta y pinta crucificados. Pero su gran obsesión era la inmortalidad. La alcanzó a través de su pintura.

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