MUSEO DEL TRAJE

Almeida Gutiérrez Yajaira.Jiménez Pérez Esther. Martín González Alba.
 


1. Nombre de la exposición permanente o temporal visitada
El Museo del Traje. Centro de Investigación del Patrimonio Etnológico es un museo nacional dependiente del Ministerio de Cultura. Su objetivo básico es promover el conocimiento de la evolución histórica de la indumentaria y de los testimonios del patrimonio etnológico representativos de las culturas de los pueblos de España.
2. Días que permanecerá abierta al público (si es temporal)
Horarios de la Exposición Permanente:

Martes a sábado:
  09:30 - 19:00 h.

Domingos y festivos:
  10:00 - 15:00 h.

La taquilla finaliza 30 minutos antes de la hora de cierre de la exposición
Tarifa general: 3 euros
 
Entrada gratuita para todo el público
  Los sábados desde las 14:30 h.
  Los domingos
  El día 18 de abril, Día del Patrimonio Mundial
  El día 18 de mayo, Día Internacional de los Museos
  El día 12 de octubre, Fiesta Nacional de España
  El día 6 de diciembre, Día de la Constitución Española
3. Tema general de la exposición o parte de la exposición visitada

Empezaremos nuestra visita en la primera sala del Museo, llamada Ver y Conservar, la cual nos servirá a modo de introducción del recorrido que vamos a hacer por el resto de las áreas en las que se divide la exposición. Además, aquí será donde tomemos contacto con las necesidades de conservación que requieren las prendas que veremos expuestas debido a la fragilidad de los tejidos. Este es el motivo por el que se controla la iluminación y el ambiente en las salas, algo de lo que nos daremos cuenta nada más comenzar nuestra visita. En la vitrina, veremos una selección de ropajes que nos dará una idea de lo que vamos a ver a lo largo del recorrido.

De aquí, pasaremos a la siguiente sección: Sala Tiempos Lejanos. Al ser muy pocas las prendas que se conservan anteriores al siglo XVII, el Museo recurre a fuentes como las obras de arte para estudiar la vestimenta de otras épocas como es la escultura, para ver su volumen, y la pintura, para ver los colores. Así, podremos ver una aproximación de cómo han evolucionado los ropajes desde los íberos hasta finales del siglo XVII, pasando por los romanos y la Edad Media, gracias a piezas cedidas por otros museos españoles. Como ejemplo de los siglos XVI y XVII, el Museo cuenta además con algunas prendas masculinas, como es un jubón y un pourpoint francés (equivalente al jubón español), y femeninas, como es una faltriquera. Merece la pena destacar que el Museo cuenta entre sus fondos con el ajuar funerario del siglo XIII de la infanta Doña María, hija de Fernando III “el Santo”, formado por una camisa, unas calzas y una garnacha. .

La próxima sala se titula Ilustración y Casticismo (1700-1788), la cual, a su vez, está dividida en varias vitrinas, cada una de ellas bajo un tema distinto dentro de este período histórico. Por un lado, tenemos la Velada Musical, donde veremos los trajes típicos del siglo XVIII tanto de los hombres como de las mujeres. Las ropas se caracterizan por su excesivo lujo y como prenda más típica en ambos sexos destaca la casaca. Entre la muestra, podremos ver un ejemplo de ello en una casaca masculina de plata con brocado de seda y que está datada alrededor de 1740. También tenemos prendas femeninas, las cuales nos enseñan los ricos materiales y colores usados y su similitud con las ropas de los hombres.


Por otro lado, en la vitrina de enfrente veremos el llamado Paseo de los Elegantes, denominación dada al Paseo del Prado, regalo de Carlos III a los habitantes de Madrid. Aquí tenemos recreado el ambiente de la segunda mitad del siglo XVIII gracias al grabado del fondo, obra de Ginés de Aguirre. En este caso, los trajes masculinos y los vestidos femeninos son un ejemplo de la moda imperante en España durante la segunda mitad de siglo. Mientras que los de los hombres siguen la moda francesa, los vestidos femeninos son de tres tipos: “a la francesa”, llamado “bata” en España, con sus característicos pliegues en la espalda; la “polonesa”, con una falda exterior recogida que lo hace menos formal y más cómodo; y “a la inglesa”, conocido en España como “vaquero hecho a la inglesa”.

Antes de continuar, veremos en el centro de la sala una vitrina especial. En ella, se encuentra un manto de la Real Orden de Carlos III, creada en 1771 por este monarca con el fin de condecorar a quienes destacaran por sus acciones por el bien de España y de la Corona; este manto está datado de 1804. Está realizado en seda celeste con bordados de hilo de plata. Debajo, los caballeros debían llevar una túnica de seda blanca con flecos celestes y plata, un cíngulo de los mismos colores y un calzón de seda negro; en el exterior, no debía faltar un sombrero con pluma blanca y un espadín de acero.
Por último y antes de pasar a la siguiente sala, veremos unas vitrinas en las que se nos muestran una serie de complementos en el vestir como pueden ser los zapatos, medias, guantes, abanicos y bolsos. Como dato curioso en cuanto a los zapatos, en el siglo XVIII aún no se distingue en sus formas entre pie derecho e izquierdo. De este modo, se usaban dos tipos: los zapatos cerrados y las chinelas sin talón. Las medias de seda, bordadas en oro y plata o lisas, eran las más distinguidas, mientras que entre los guantes lo más lujosos eran los mitones. Los bolsos aparecerían a finales del siglo XVIII y en España los más satíricos no dudaron en darles el sobrenombre de “ridículos” debido a su pequeño tamaño.
La próxima sección es la titulada Afrancesados y Burgueses (1789-1833). A lo largo de la segunda mitad del siglo XVIII se fueron gestando una serie de cambios en la economía y en la sociedad, cambios que tuvieron su punto álgido con la Revolución Francesa (1789-1789), repercutiendo en toda Europa. Esto también sucedió con los cambios en la vestimenta, los cuales fueron radicales, instalándose en la moda el Neoclasicismo. De este modo, los vestidos femeninos parecen sacados de la época griega y romana, siendo las telas ligeras, de claros colores, y con el talle bajo el pecho; esto hace que las ropas, confeccionadas generalmente en algodón, se ajusten a la forma natural del cuerpo. Por su parte, los trajes de los hombres, alternando la casaca con el frac y el traje a la francesa, son sobrios, siguiendo la moda inglesa. Sin embargo, a medida que avanza el siglo XIX, en las mujeres las telas usadas se vuelven más pesadas y las mangas más largas, mientras que en los hombres comienza a utilizarse de manera convencional el chaleco.

Por otra parte, en España comenzará a darse el denominado Majismo, una reacción contra la influencia extranjera y una exageración de lo nacional. En la moda, podemos ver un claro ejemplo en los cuadros de Goya. Este fenómeno se da a finales del siglo XVIII, durando hasta bien entrado el XIX; en este período, las clases altas empiezan a vestir imitando a la gente de los pueblos, sobre todo a los majos y majas en Madrid. El traje típico de majo está formado por jaqueta o chaqueta, chaleco corto, calzón, una faja alrededor de la cintura y una cofia recogiendo el pelo. En cuanto al de las majas, éste estaba formado por un jubón, la basquiña (falda exterior, siempre negra) y mantilla.
Antes de pasar a la siguiente sección, nos detendremos en una vitrina en la que veremos cómo fue evolucionando la difusión de la moda. Desde el siglo XVI, era frecuente entre las cortes europeas intercambiar muñecas vestidas con lo último en la vestimenta del lugar. Estas muñecas, de las que vemos un ejemplo en la vitrina, servían a los sastres para confeccionar después los vestidos y trajes y fueron utilizadas hasta la aparición en el siglo XVIII de las revistas. También cabe mencionar en esta evolución de la difusión de la moda la figura de la “Gigantona de la Tarasca”, un personaje que, entre los siglos XVI y XVII, era sacado a la calle durante la procesión del Corpus vestido con los ropajes de moda durante esos años.
Continuaremos nuestro recorrido y entraremos en la sala dedicada al Romanticismo (1833-1868). Durante esta época, la vestimenta vuelve a cambiar sus formas, de tal modo que las faldas se vuelven más acampanadas gracias a un elemento que se pone de moda en este período: el miriñaque, una estructura formada por aros que, puesta bajo la falda o vestido, daba volumen a la prenda. Será cuando comiencen a usar los llamados tejidos “de novedad”, destacando los de seda y los labrados con pequeños adornos. Los trajes de los hombres son sobrios y oscuros, representando el carácter de los empresarios e industriales. Por su parte, los vestidos femeninos son más vistosos, siendo una representación de la riqueza de sus maridos; así las lujosas prendas cuentan con numerosos adornos aplicados sobre unas telas de vistosos colores.
También veremos algunas vitrinas que, como si de escaparates de tiendas se tratase, nos transportarán a comienzos del siglo XIX, momento en el que el comercio comienza a tener un importante desarrollo y en el que no faltarán los almacenes de ropa y las casas de modas. Así, la calle se transformará gracias a estas tiendas que llenarán sus escaparates de vestidos y trajes que supondrán una tentación para los paseantes. Es entonces cuando también tienen su auge los pasajes comerciales.
Esto llevará a otro cambio del vestir, imponiéndose los llamados “trajes de calle”, más cómodos a la hora de moverse y pasear por la ciudad. En las mujeres, además, se volverá indispensable el uso de la sombrilla, elegida cuidadosamente para que combinara con el vestido y el sombrero. En contraposición a estos “trajes de calle” estarán los “trajes de sociedad”, usados en salones, bailes y teatros, lugares donde se cultivaban las relaciones sociales. Y en el lado contrario, encontraremos las ropas destinadas al luto. Será en este período romántico cuando se empiecen a asociar los colores al duelo por la pérdida de familiares tanto en las telas, como en las joyas, ya que será entonces cuando comience a generalizarse entre las clases altas el uso del azabache.
La siguiente sección se llama Del Miriñaque al Polisón (1868-1898), título que hace referencia a la transición de una prenda a la otra. El último tercio del siglo XIX fue un período de cambios frenéticos en todos los aspectos. Las ciudades crecen y se desarrollan los transportes (a Madrid llegan los primeros tranvías en 1871), lo cual hizo que el miriñaque fuera un elemento demasiado voluminoso para la comodidad necesaria a la hora de moverse. Además, empiezan a surgir las casas de moda que ponen su toque a las prendas, surgiendo así la figura del modisto. Gran fama tuvo por entonces el creador Charles F. Worth, a quien se le atribuye el paso entre estos dos elementos.
Los trajes de las mujeres se caracterizan por ser vestidos que se ajustaban al cuerpo, marcando exageradamente la cintura, con mangas estrechas y con faldas largas con sobrefaldas y drapeados que iban recogidos en la parte trasera y que se sostenían con el polisón interno. Comienza a llevarse una moda que llegará a llamarse de “estilo tapicero”, ya que los trajes se adornarán con un tipo de decoración que hasta entonces sólo estaba concebida para los interiores de las casas burguesas. También la sátira se cebó con esta moda, comparando a las mujeres con gallinas debido a la forma que daban los polisones a los vestidos. Y mientras que las prendas femeninas cada vez eran más variadas en colores, los trajes masculinos serán prácticamente negros, llegando a la totalidad de este color en la ropa de fiesta a excepción de los cuellos de las camisas y de los puños.



De aquí, pasaremos a la sala dedicada al Traje Regional, un tipo de ropa que se encontraba en ese período en estado de abandono en las zonas rurales. Ante esta paulatina desaparición, los intelectuales comienzan a documentar estas variadas prendas. Así, comienzan a surgir estudios realizados por los etnógrafos y artistas como Sorolla las pintará en sus cuadros como un rasgo de identidad, mientras los museos comienzan a guardar estas vestimentas como algo significativo en la historia de España. Se podrían clasificar en dos tipos básicos: los trajes típicos, que son aquellos que se visten en determinadas zonas del país y que son diferentes dependiendo de la zona, y los trajes festivos. Sin embargo, también podemos incluir aquí la indumentaria de trabajo, formada por prendas que cumplen con determinadas funciones. Así, encontramos la “ropa de faena”, hecha con materiales especialmente resistentes, y los “uniformes”, que permitían reconocer el producto al que se relacionaba su portador y la zona de la que venía.
A este último tipo pertenecen, por ejemplo, los mantones de Manila, nombre que le viene de la ciudad de la que se importaban a España, aunque eran producidos en la región china de Cantón. A nuestro país llegaron a finales del siglo XVIII, siendo muy utilizados por las mujeres y convirtiéndose en la prenda más importante en las fiestas. Por otra parte, en el ámbito de los hombres, está el traje de luces que conocemos hoy día. Éste tiene su origen en la vestimenta nacida en la segunda mitad del siglo XVIII, momento en que también surge el toreo moderno. Poco a poco, estas prendas se irán adornando cada vez más hasta llegar al traje de luces que conocemos en la actualidad. Esto nos demuestra que los trajes regionales no son sólo algo del pasado, sino que perviven en el presente. Ejemplo de ello son también los grupos de gente que se visten de determinada manera en las fiestas patronales de algunos pueblos o ciudades, y los trajes asociados a la fiesta del Carnaval.
Nuestra siguiente parada será la sala de la Belle Epoque (1898-1914). El comienzo de un siglo nuevo no trajo cambios radicales en las costumbres como ya pasara anteriormente, al menos hasta que estalla la Primera Guerra Mundial (1914-1918). En la moda, la ropa femenina se libera de corsés, polisones, enaguas y rellenos, y deja percibir las formas naturales del cuerpo. Además, proliferan las casas de alta costura que mencionábamos antes, pero también los almacenes, que llevarán la moda a las clases medias con ropas que imitaban las de los modistos. La difusión de lo que se lleva en cada momento se hará a través de revistas especializadas.
Un lugar muy típico durante esta época y al que acudirán todas las clases sociales será el parque. Las familias salen a pasear y los niños a jugar, de tal modo que los parques se convertirán en sitios de encuentro y de exhibición, prestándose especial atención al atuendo de cada cual. Así, para los paseos, las mujeres comenzaron a usar vestidos prácticos y cómodos, a la par que empieza a surgir el “traje de sastre”, con faldas más cortas, chaquetas sencillas y colores sobrios. Por otro lado, las mujeres dedican gran parte de su tiempo a hacer y recibir visitas, lo cual estaba sujeto a una serie de normas sociales recogidas en los manuales de comportamiento y etiqueta, los cuales también indicaban la manera más apropiada en el vestir.
Finalmente, también podremos ver una vitrina dedicada a la ropa interior femenina. En ella, observaremos la evolución que ésta ha tenido desde los antiguos corpiños hasta los sostenes, más cercanos en el tiempo. Con estas prendas, el cuerpo femenino se ha ido moldeando según el arquetipo de belleza de cada época. Pero el uso de este tipo de ropa no sólo tiene que ver con la belleza, sino también con la higiene. Su confección en algodón ayudaba a no contraer algunas enfermedades de la piel.
Antes de pasar a otro período histórico nos detendremos en una sala monográfica dedicada a Mariano Fortuny (1871-1949). Nacido en Granada, vivió gran parte de su vida en Venecia y aunque destacó desde joven como pintor, siempre se interesó por las artes industriales y por la tecnología. Todo ello le inspiró para llegar a convertir los objetos comunes en obras de arte. Así, Fortuny llegó a convertirse en un artista polifacético que trabajó en ramas como la pintura, el grabado, la escenografía, la fotografía, el diseño de interiores y el diseño de moda.
En esta última faceta, Fortuny sigue la idea de que el cuerpo en sí es una belleza que no hay que alterar. Siguiendo esta línea y admirando a los clásicos, en 1906 crea el pañuelo Knossos y, en 1907, el vestido Delphos, realizado este último en seda, de formas holgadas y onduladas, gran colorido y sujetado en los hombros a través de hilos de seda y botones de cristal de Murano. Todo un lujo que se amoldaba al cuerpo de la mujer resaltando sus curvas. En cuanto a su papel como diseñador textil, el material que elige Fortuny es la seda, ya que es la tela que más se adapta al cuerpo. En 1907, empieza a prepararla él mismo: le da colores con tintes vegetales y la estampa con plata y oro, inspirado en los brocados italianos de los siglos XV y XVI, en los tapices orientales y en las túnicas griegas. Además de ver algunas de las piezas que él mismo confeccionó, también veremos algunas de las que atesoraba en su faceta de coleccionista.
Y de la figura de este artista polifacético pasaremos a la sección de las Vanguardias y Moda (1914-1939). Con el estallido de la Primera Guerra Mundial se acabará con el modo de vestir que se estaba llevando por entonces. En Europa, las mujeres empiezan a desempeñar distintos trabajos, por lo que abandonan la moda del siglo XIX y se pasan a un tipo de vestimenta más funcional, como es el ya mencionado anteriormente “traje sastre”. El período que va entre la Primera y la Segunda Guerra Mundial es el momento en el que estallarán las llamadas Vanguardias y que no se darán sólo en las artes plásticas, sino también en la moda.
Mención especial tiene el período de los años 20, conocidos también como “los Años Locos”. La moda está íntimamente ligada con el Art Decó y pintores como Dalí o Picasso colaborarán diseñando estampados e indumentarias teatrales. Se eliminan de manera definitiva los corsés y se llevarán, por ejemplo, los vestidos “a lo garçonne”, los cuales caerán de manera recta sin marcar la silueta femenina, dando una sensación de mayor libertad. Además, especial incidencia tendrá el gusto musical y los bailes imperantes del momento, como el tango y el charlestón. Comenzarán a llevarse vestidos más cortos (quedando por primera vez las piernas de las mujeres al descubierto), de finos tirantes, líneas rectas y altamente decorado para el charlestón, y largos, escotados y con una abertura lateral para el tango, así como prendas escotadas para las fiestas de noche. También cobrarán gran importancia los complementos: collares largos, bolsos de mano pequeños, guantes, tocados para el pelo, sombreros, zapatos de tacón, etc.

Además de las salas de fiestas, otros de los lugares donde la mujer comienza a pasar sus ratos libres serán los cines y los cafés. De estos últimos, un ejemplo es la chocolatería El Indio, inaugurada en Madrid en el año 1847. En 1993, el Estado la compró y ahora podemos contemplar parte de ella en una de las vitrinas del Museo del Traje. En ella, veremos el ambiente típico de los años 20 y 30.
Sin embargo, en 1929 tiene lugar el crack financiero de Estados Unidos, lo cual hará que Europa se sumerja en una gran depresión económica. En la moda, este hecho influirá de manera que se retornará a una indumentaria más conservadora que volverá a marcar las formas de la mujer. Como hecho importante en el mundo de la moda, cabe destacar que será en estos años cuando las mujeres sean quienes dominen el diseño de la ropa. De este modo, destacarán nombres como Gabrielle Chanel, Madeleine Vionnet y Elsa Schiaparelli.
Nuestra siguiente parada será la sala llamada La Moda Renovada (1939-1959). El inicio de este período está marcado por el inicio de la Segunda Guerra Mundial (1939-1945) y el final, en España, de la Guerra Civil (1936-1939). En lo que a la ropa se refiere, las telas durante la posguerra eran escasas, y las que había eran de mala calidad. En cuanto a las formas, se impusieron los cortes sobrios y rectos, y los escotes escasos y discretos. Los colores, por su parte, eran tristes y apagados: negro, marrón, gris… Los grandes almacenes siguen funcionando en las grandes ciudades, aunque muchas veces serán las propias amas de casa quienes confeccionen su ropa y la de su familia extrayendo los patrones de las revistas de moda.
Por otro lado y además de las revistas, el otro referente en la moda española de la posguerra fue el cine. Ejemplo de ello es la película Rebeca (Alfred Hitchcock, 1940), nombre con el que se ha quedado la prenda que vestía la protagonista y con el que se la conoce a día de hoy. Además, las protagonistas femeninas se convirtieron en un ideal de belleza, desde Rita Hayworth a Audrey Hepburn, siendo todas ellas difusoras del New Look de Christian Dior. En la primavera de 1947, este diseñador presentó su primera colección de moda en el que se pudieron ver trajes con hombros redondeados, chaquetas cortas con faldas y faldas amplias con un largo hasta la mitad de la pierna que marcaban una cintura de avispa en las mujeres. Esta línea, llamada por el diseñador “Corolle”, fue lo que los periodistas denominaron “New Look”. Será entonces cuando los modistos masculinos se sumerjan de lleno en el mundo del diseño de ropa con nombres como el mencionado Dior, Balmain, o Givenchy, siendo quienes marquen las pautas de la elegancia en el vestir.
Y si antes veíamos a Dior, ahora pasaremos a una sala monográfica sobre Cristóbal Balenciaga (1895-1975). Nacido en Guetaria (Guipúzcoa), este diseñador, hijo de una costurera, puede ser considerado el modisto con más fama universal de España. En el año 1914, abrió la primera casa de costura en San Sebastián, ampliándola años después a Madrid y Barcelona. En 1937, se traslada a París, donde ese mismo año conseguiría un gran éxito con la colección de ropa presentada. Sus diseños siempre se han basado en la evolución de las formas, pero siempre manteniendo la armonía entre las proporciones y los colores, anticipando en sus inicios a lo que sería el “New Look” de Dior. En 1968, Balenciaga se niega a confeccionar las colecciones de prêt-à-porter, por lo que en ese año se retira, ya que la moda que recién se estaba imponiendo no tenía nada que ver con el ideal que él tenía de elegancia y belleza.
La última sala que veremos será la llamada Tiempos Actuales y en ella veremos un último cambio social producido en los años 80 y que vemos presente en la ropa. Para el trabajo, se vuelve a una vestimenta clásica y elegante, siendo más cómoda e informal la utilizada para los momentos de ocio. Será la década en la que triunfe la moda italiana. Por el contrario, en los 90 se busca de nuevo el contraste con las épocas anteriores, poniéndose de moda el minimalismo y, con el paso del tiempo, el eclecticismo.
En España, como hemos mencionado anteriormente, cierran sus talleres en 1978 modistos como Pertegaz. De este modo, se pasará de los modistos y las casas de modas a los diseñadores prêt-á-porter, grandes fábricas de confección, grandes almacenes, empresas multinacionales, etc. Veremos, pues, en las últimas vitrinas del Museo, vestidos de diseñadores como Jesús del Pozo, Agatha Ruiz de la Prada, o Amaya Arzuaga, entre otros.
4. Imagen de la obra favorita y comentario-resumen de la misma añadiendo crítica personal. ¡Elegirla pensando en que sea recomendable para trabajar con alumnos de PRIMARIA!
Por último, no debemos marcharnos del Museo sin pasar por la Pasarela, un elemento tan característico de la moda. Será aquí donde los visitantes, o “espectadores”, nos convertiremos en protagonistas ya que es el público actual el que participa y marca las tendencias de hoy día. A partir de aquí, quienes visitan el Museo pueden entrar en las diferentes áreas didácticas que hay dispuestas, así como visitar la biblioteca, los jardines que rodean el edificio, la cafetería, o llevarse un recuerdo en la tienda.

5. Propuesta didáctica: Resumen BREVE de una actividad que pudiera hacerse con niños y niñas sobre esta obra ¡Qué sea original por favor!
Se puede simular una pasarela en el colegio para que los alumnos puedan desfilar mostrando así sus cualidades y potenciando estas por medio de esta actividad.

6. Imagen de otra obra favorita/que no te haya gustado e idem.

Periodo donde la mujer tiene más libertad y se ve reflejado en como empieza a mostrar sus tobillos :D

7. Imagen o descripción de ALGO EXTRAÑO observado en el museo, algún objeto improcedente, fuera de lugar, inapropiado...como la mujer sin cabeza que había en la clase ; )
Es interesante observar como la mujer en cierta manera ha sido reprimida incluso en la forma de vestir.

8. Comentario sobre tipo de imágenes de mujer vistas en el museo: cantidad, tipo de imágenes...crítica personal
En el museo de traje resalta mas la vestimenta de la mujer que del hombre y así mismo pudimos apreciar que el público general en el museo éramos mujeres.

9. Observaciones en relación al público infantil y la presencia de imágenes infantiles en las obras artísticas.
Algo relacionado con el público infantil que puede resultar interesante para los niños y niñas es el tipo de ropa para bebé según la época.

10. Observaciones sobre detalles de accesibilidad para niños, sordos, otros minusválidos, etc...
Accesibilidad interior:
La cafetería, tienda, sala de exposiciones temporales, sala de usos múltiples y jardín se encuentran en planta baja, sin desniveles que superar.
El acceso a la sala de exposición permanente, así como a los talleres pedagógicos, la biblioteca y el salón de actos, situados en la planta primera, se realiza por medio de dos ascensores con capacidad para 16 personas y espacio suficiente para la ocupación de tres sillas de ruedas cada uno.
La propia exposición está concebida en una sola altura sin ninguna clase de desniveles y con una anchura mínima que permite el paso de una silla de ruedas en cualquier punto.
 


 

Comentarios

  1. El museo tiene muy buena pinta y la información que habéis colgado es muy interesante, la temática del museo me ha recordado a la exposición que fui a visitar en el museo ABC.

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  2. me parece que la informacion expuesta es muy buena y lo que mas me a gustado es la propuesta didactica ya que pienso que es muy divertida y entretenida.

    Juan carlos huete

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  3. Beatriz Medina

    Me ha gustado mucho la descripción de este museo ya que lo habéis contado de una manera muy interesante y que hace atractivo acudir a él. Considero que este museo puede ser muy productivo para aprender nuevos conocimientos y al haber vestidos expuestos hace más entretenida la exposición.

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  4. A pesar de la extensión del texto, no se hace difícil de leer, ya que lo explicáis de una forma que no aburre, el museo que habéis visitado creo que alguna vez lo hemos visto casi todos pues está en una zona de mucha afluencia de personas de nuestra edad, de la que lo habrá visto una minoría, parece que tendré que acercarme alguna vez más por allí para entrar dentro y verlo, habéis conseguido que me pique la curiosidad. Gracias.
    josé Manuel Maroto

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